Violencia

Vagando por la red… encontré algo ke me revolvió el estomago… lo peor de todo es que es el día a día de muchas personas y no digo solo mujeres, para que no se piense que soy feminista!, aunque hay que reconocer que los casos del sexo femenino son los más.

Miren nada más esta historia:

“… Como a esta hora regresaba del trabajo. Iba preparada. Aprendí a llorar en silencio. Esa noche, desde que abrí la puerta, me pateó y arrastró a la recámara. Yo me defendí como pude. Él tomó un bate de béisbol y me golpeó justo en la cabeza. Quedé inconsciente.

“Cuando reaccioné, estaba desnuda. Él sentado sobre el suelo. Me miró fijamente y luego parpadeó. Fumaba. Sus ojos se cruzaron con los míos. Me dio miedo, mucho miedo. ‘¡Imbécil!’, dijo rabioso. ‘Nada salió bien. En todo te equivocas’.

“Guardé silencio. Acercó sus brazos hacia mí. Alrededor de mi cuello. Grité. Me tapó la cara con una almohada. Corrí a la cocina y tomé un cuchillo… Tengo una niña, ella vivía con nosotros. Él la sacó por la ventana envuelta en un trapo y amenazó con lanzarla, si no tiraba ese cuchillo.

“Lo hice. Me escupió y me pegó de patadas. Al abrir los ojos, él tomaba un baño. Tomé algo de dinero, a mi hija y escapé. Después de año y medio de vivir juntos, me atreví a denunciarlo. Ahora tengo 19 años, cambié de trabajo y de vida”

“Primera amenaza: ‘¡Te mataré a ti y a la niña si no me quitas la demanda!’. Continué denunciándolo después de 96 amenazas: las primeras a través de mensajes al celular, llamadas en la madrugada y graffitis sobre la pared de la casa de mis padres. La policía aún lo busca.

“Los primeros días después del 21 no sabía qué hacer. Caminaba con miedo. En cada calle, en cada esquina, en cada hombre me parecía verlo. Su sombra no me dejaba en paz. Una semana después le confesé todo a mi hermana. Más tarde, mis padres se enteraron con el inicio de las amenazas, o al menos fingieron descubrirlo, porque era suficiente con los moretones y las heridas para adivinarlo.

“Sin embargo, fue mi hermana quien insistió en alzar el teléfono y acusarlo. (Vida Sin Violencia, tel. 01 800 911 25 11). Me equivoqué en perdonarlo. Confundí el amor con los golpes. Si me preguntas que les diría a otras mujeres que sufren lo mismo, sólo puedo decirles: ¡No callen! ¡No perdonen! ¡Griten! ¡Denuncien!”

Ahí lo tienen y solo con 19 años vivir algo tan horrible!! Al menos ella tuvo el valor…

¿Pero en que nos hemos convertido?, ¿qué clase de persona puede hacerle algo así a quien ama?. Queda claro que eso es todo menos amor… Yo la verdad no entiendo como se puede hacer tanto daño, aunque sea un desconocido… es cosa de humanidad.